
Siempre que me reencuentro con mi querido Juan Luis, ya sea en rodajes, ya sea en Teatros, ya sea tomando un café en el que disfruto de su verbo y su sabiduría, de su ironía y su concepto esperpéntico de la vida y de este extraño y mediano lugar que es el país nuestro, como él mismo siempre apunta; cada vez que compartimos un momento, siempre se me queda en el alma como uno de esos grandes instantes que acontecen en forma de regalo que le ofrece a uno la vida. El otro día disfruté enormemente de su genial interpretación de EL AVARO de Moliere en el María Guerrero, pero sobretodo de una charla tan rica o más quizás que esos platos de jamón ibérico que nos sirvieron generosa y gentilmente en la taberna del Gijón donde uno respiraba en cada instante una especie de privado retal de sencillo tiempo histórico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario