sábado, 26 de mayo de 2012

WALDEN DOS Utopía para la Reflexión

¿Quién no se ha parado alguna vez a pensar en la posibilidad de un tipo de vida diferente para sí mismo, para los suyos? ¿Quién no ha asomado en ocasiones la mirada o sus sueños hacia el horizonte imposible de ese azul celeste rasgado por las fachadas y tejados de los edificios que siguen ahí un día más tras el cristal de su inamovible despacho cuando, en el mejor de los casos, se tiene ventana junto a la mesa de la rutinaria oficina, absolutamente saturada de absurdos papeles con cifras y mentiras que nutren el cada día de ese esquema que no debería tal vez de existir y que se denomina calendario? A lo largo del tiempo que existimos en un sistema burocrático y controlado por los poderes financieros y políticos nos hemos hecho todos las mismas preguntas. Y a lo largo de la historia de la narración, muchos son los ejemplos que nos lanzan autores para abrir la cabeza a otras posibilidades, siendo la primera que me viene a la memoria, tal vez, aquella Cueva de Platón, y posteriormente, aunque siempre tratándose de la misma historia, “1984” de Orwell o “Un Mundo Feliz” del gran Huxley. Incluso el cómic “Matrix”, posteriormente adaptado de un modo magistral al cine para el nuevo público nos ahonda en este tema: el de reconocer que estamos absolutamente controlados en un sistema que nos disfraza de libertad cada mañana cuando nos encontramos sometidos a diferentes controles de férreos grados máximos y diversos. En 1948, fresca todavía la barbarie de la II Guerra Mundial, se establece en Nueva York la creación de la Organización de la Naciones Unidas, con el objetivo de que jamás se volvieran a vivir las enormes brutalidades. En ese mismo año Skinner escribe esta novela a medio camino del ensayo sociológico y la ciencia ficción en el que retrata una sociedad ficticia caracterizada por su fuerte reiteración del aspecto más social del ser humano, el papel de los instintos, y la herencia genética, de la naturaleza, y la propuesta de ser todo ello reducido al mínimo, en un intento de mejorar la capacidad de convivencia del ser humano mediante la reducción del papel predominante de los instintos. Skinner intentaba con este libro no acabar con la diferencia, como le criticaron algunos detractores, sino con la desigualdad. Y de un modo premonitorio, que casi sobrecoge al ser leído hoy, casi 65 años después, ya se postula como un crítico ante el sistema actual de capitalismo feroz tan amoral y dañino que comenzaría a crecer agigantada y egoístamente a partir de los años cincuenta hasta nuestros difíciles y actuales días. Al tiempo que Skinner elaboraba su trabajo literario, en las Naciones Unidas se redactaba la Declaración Universal de Derechos Humanos con ilustres personajes comprometidos con el ser humano como un joven de 31 años llamado Stephan Hessel, diplomático, escritor, y militante político francés, aunque nacido en Alemania, que había sido miembro de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, y que debido también a su origen judío, sufrió la captura y tortura por la Gestapo, para pasar a ser recluso de los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau. Es paradójico este momento que puntualizamos en la elaboración de ambos escritos. Primero porque con el tiempo veríamos que no concluirían los estatutos de esa Declaración Universal las atrocidades en el mundo, sino que se extenderían mayormente con propagandas renovadas para encontrar las justificaciones desde las mentiras que todo el pueblo en su más compacta y domesticada masa posible entendiera como razones de Estado, cuando ya se detecta que siempre se trata de razones económicas de unos pocos engominados desalmados. Y segundo porque años después el propio Hessel sería altamente reconocido a nivel mundial con su pequeño alegato a la Indignación en los movimientos que han paralizado las capitales de todo el mundo bajo el lema de “¡Democracia Real!” hacia el sistema financiero y político de vergüenza. Hessel como padrino del movimiento de los Indignados con sus publicaciones “Indignaos” o “Comprometeos” demuestra ser un joven treintañero lúcido y enérgico a sus noventa y cinco años. Y es en estos mismos tiempos, cuando tanta indignación sentimos por los Sistemas que tanto nos ahogan y casi asesinan, cuando cobra vigencia curiosamente “Walden Dos”, en una especie de cruce cuántico de propuestas y utopías que cuanto menos nos acerquen a más y más preguntas, a seguir construyendo interrogantes que es cuestionar -menos mal- a lo establecido, o mejor dicho impuesto. A estas reflexiones que apuntan suave y ficticiamente Skinner, concreta y enérgicamente Hessel, solo llegan quienes apartaron la mirada de las sombras del muro y se giraron, aunque estuviera altamente prohibido, hacia la entrada de la Cueva para ver el origen y el por qué de esas figuras en sombra en el muro. Me apoyo en la platónica analogía para explicar que son muchos los que “ven la luz”, expresión que aunque manida sigue siendo absolutamente coherente; y que es el sistema el que quiere impedir a toda costa que sean muchos los que se den cuenta de ciertas cosas porque eso lo que conlleva es a la consiguiente valoración crítica de los poderes establecidos para el control de los grupos. Y a esos grupos se les prepara y domestica desde la infancia, en sistemas educativos que les dirijan hacia el no pensar por sí mismos, hacia la inclinación de la cabeza y el no mirar hacia horizontes … ¿prohibidos?... Lo que nos ha enseñado la Historia es que nada tiene más fuerza que la curiosidad humana. Un solo pensamiento en contra de lo establecido puede provocar una Revolución Social como la Francesa en 1789; o una Revolución Científica como la de Einstein con su ley de la Relatividad en 1915; o una literaria como la de Cervantes con El Quijote en 1605. Y así podríamos continuar con ejemplos y más y más ejemplos. Es curioso que toda la gente que consideramos admirable en cada uno de sus campos, desde el propio Jesucristo, han sido y son seres que generaron una revolución, que no pensaban igual, que criticaban o cuestionaban al poder establecido, tanto financiero como político. Y es curioso como el sistema trata de que no salgan más tipos así, forjando un mediocre sistema social y educativo desde el hipercontrol. No enseñando a saber, sino a obedecer; no sugiriendo reflexiones, sino imponiendo la memoria de fechas y nombres casi todos ellos curiosamente bélicos. Y cuando al Sistema se le escapa algún niño con un generador emocional de neuronas no acorde con los cánones y capaz de provocar inventos maravillosos tanto tangibles como espirituales para la mejor convivencia y existencia de sus semejantes, y por tanto para el crecimiento en todos los aspectos de la sociedad a la cual pertenece, cuando eso sucede, el Sistema trata de apropiarse de esa persona y de su idea, para controlarla, para que no genere un cambio en el propio Sistema. Y si aun con el intento empresarial y macromediático no lo consigue domar, a ese ser de luz y de incógnita, sencillamente se le quita de en medio con el disfraz de un accidente, o con la súbita y sospechosa aparición de un nuevo enajenado que siempre, dicen, se trata de un fanático que quería cobrar notoriedad con un significativo disparo. A través del recorrido por el ensayo/novela Walden Dos, a través de la colección de ejemplos prácticos de productividad, de divisas utópicas o no como los créditos de trabajo que tanto hoy se propugnan en redes y barrios; a través de postulaciones familiares y políticas, nos vamos dando cuenta que ese lugar idílico, Walden Dos, no es sino otro diseño más de un mundo feliz en el que nada de revolución puede haber tanto personal como colectiva pues no hay oponente al que lanzar la crítica, ni discutible poder establecido, convirtiéndose el grupo en ese diseño de Ideal en otro cuestionable Sistema. No existen las fórmulas sociales perfectas, pero sí la revolución personal e individual que surge a partir de la reflexión, del juicio, de comenzar a cuestionar y cuestionarse; y este libro, Walden Dos es sin duda -de ahí para mí su gran valor social, que no literario- una interesante puerta hacia este imprescindible principio

martes, 24 de abril de 2012

preparando YERMA...

Al tiempo que vivo inmerso más o menos en cierta época o no época, al tiempo que con los actores y los interrogantes del espacio escénico y otros tantos temas para Yerma. Al tiempo que es el recorrer las huellas desnudas que nos preludian una reconocida tragedia de hoy y siempre, recupero cierto discurso de Federico, sin dejar de pensar con la piel erizada, si no habrá resucitado el duende poeta y habrá escrito esto mismo al ver hoy el telediario...: "Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada. No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida. Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."

viernes, 30 de marzo de 2012

Bucarest, nocturno escenario


Vigilado por una inquietante luna llena que no se refleja en las parcas aguas del río Dâmboviţa, voy caminando en la noche, cruzándome en silencio con alguna figura o sombra arrebujada, solitaria, confusa. El frío acompaña mis crujientes pasos en la nieve grisácea que se mimetiza con las rotundas fachadas oscuras, afligidas, y erigidas firmes y distantes bajo la colosal vivienda de aquel dictador llamado Ceausescu, esa misma que hace unos años pasó a ser el actual Parlamento rumano.
Suaves nubes comienzan a arañar esa luna rojiza y balcánica, al tiempo que en mi mente cavilan reflexiones varias antes de nuestra reunión por la mañana con el resto de nuestros socios europeos.
Llevamos un tiempo considerable trabajando en Valencia en la lucha contra el racismo y la xenofobia en relación con las mujeres inmigrantes nacionales de terceros países, mediante el uso de Teatro Social, en un proyecto europeo cofinanciado por la Unión Europea dentro del Programa de Derechos Fundamentales y Ciudadanía. Las ciudades que también trabajan con nosotros en paralelo en esta misma dinámica son Dublín, Mántova, Linz y Bucarest, donde estos días nos reunimos.
Hasta el momento, y tras varios meses en torno a talleres que tienen un efecto terapéutico, hemos traducido, en cada una de las mencionadas ciudades, las experiencias de las Mujeres, sus sueños, sus anhelos, sus razones al Escenario a partir de improvisaciones en las que comienzan a aflorar las posibilidades Teatrales. De la experiencia vital se pasa al Escenario, con la realización de diversos juegos Interpretativos con los que las Mujeres toman conciencia de sí mismas, del resto de las compañeras, y del Espacio donde modulan y preparan la voz, el cuerpo, el gesto. Ya están listas para pasar al Escenario. Y desde ahí se supervisa el potencial de sus interpretaciones que se pasan automáticamente al Texto desde donde volver a emprender el viaje a escena.
Y es que es bien sabido en muchas ciudades europeas que el Teatro no solo es una herramienta de entretenimiento, sino un instrumento perfecto para despertar la conciencia de los espectadores. Las propias Actrices y las personas que nos encargamos de la Dirección y Coordinación de este proyecto hemos podido comprobar que es el Teatro una plataforma para poder generar vínculos afectivos y emocionales, un universo perfecto en el que poder sentirse libre, seguro, dispuesto a compartir las propias experiencias, en el viaje de ensayos y preparación de la Obra, en el trayecto en el que acontecen las emociones, las casi catarsis, la gran amistad, el respeto y saber que se está pudiendo hablar de cosas de un modo poético que en ocasiones la vida impide en la terrible velocidad grisácea de los días.
Eso pienso cuando la vigilia de esa luna llena se hace más turbadora y despejada, y de repente me encuentro en un escenario tal vez conocido, en el que las ruinas medievales quedan algo más teatralizadas con esos focos anaranjados proyectados en las piedras y sus memorias. Una sensación nada suave me envuelve de manera súbita. Justo cuando dos perros lobo merodean una estatua rodeada de ruinas y nieve, ahí mismo, presidiendo el arqueológico lugar donde mi soledad no para de advertirme que me dirija a otro lugar. Decido no obstante acercarme a la estatua… Se trata de Vlad Tepes... Más conocido por todos ustedes como … Drácula...
La voz que acontecía en mi interior se transforma con un acento inclasificable que reúne decenas de acentos para retumbar en mis adentros la constatación de que el Teatro es un alimento necesario, y por ello hay que cuidarlo, hay que educarlo, protegerlo, reinventarlo, quererlo, discutirlo, elevarlo, incentivarlo, vertebrarlo, importarlo y exportarlo porque es un generador de humanismo, una cosmología para la comunicación, la palabra y la no palabra, el lugar donde un silencio une los más diversos pensamientos. El Teatro es idea y sueño, materia y humo, vida y muerte, granito de arena y universo entero. Con capacidad de cura en las almas incomodadas, con el poder de la caricia perfecta para el corazón más castigado porque el Teatro es carne, es verbo, y es sangre… decididamente sangre…
Me giro a mi derecha., donde he creído recibir las últimas palabras a escasa distancia de mi oído. No hay nadie. Sólo la nieve queda en el suelo fosco y discreto, solo la tímida luz de aquella farola, solo el concluir de una sombra que huye por la esquina de una fachada. regreso a la estatua de Vlad. Observo su taciturno rostro algo más intenso y afilado que antes. Y de los perros lobo que merodeaban su pétrea figura, de los perros ya ni perfil, ya ni memoria.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Lo que aporta el Teatro


El Teatro aporta conciencia,
diversión, pensamiento, llanto y risa.
Humanidad, historia,
poesía o danza de sílabas,
protesta, música, infancia,
respuestas posibles y
más y más imposibles preguntas.
Diálogos con el cuerpo y las memorias
abrazos y desnudez del alma.
Terapia, cura,
quebranto de miedos,
espejo para los espíritus sin brújula.
Casa, humo, bosque, pintura.
Oceáno sin mar ni espuma.
Luz jugando al escondite
con las sombras.
Sombras bailando tangos de hiel
con las luces.
Belleza, herida,
infinitud y otras tantas esquinas.
Recorrido y vida, sí,
enteramente vida

Eso aporta... El Teatro...
no lo olvide nunca quien lo recorta...

(el día mundial del Teatro continúa para muchos en todas y cada una de las fechas del calendario. Fuerza y mucha mierda a todos, héroes anónimos o no, que a contrareloj trabajáis por todo ello en cualquier tiempo, en cualquier geografía o, mejor dicho, escena)

sábado, 25 de febrero de 2012

MIENTRAS LOS PERROS NO DUERMAN SIESTAS




Me encontraba paseando pensamientos y registrando imágenes varias, tratando de decidirme por uno de esos Cafés que tanto reconfortan cuando uno pretende pausa, cuaderno, silencio en propia mesa y diálogos de fondo en las próximas. Había estado recorriendo sin rumbo el barrio de Plaka, así como siempre me gusta viajar en las ciudades todas, en las que uno no conocía; en las que uno conoce y vive, pero una mañana cualquiera finge no conocer, adoptando algo así como una mirada más o menos extranjera para poder recibir informaciones que de otro modo son imposibles, con la mirada y demás sentidos acomodados en la consabida rutina.
Atenas había amanecido una vez más con ese ligero pero plúmbeo manto que parecía incidir en gris sobre los hombros de los griegos todos. El Olimpo parecía cemento extendido y húmedo, cayendo con lentitud de siglos, o no, sobre los techos ajados de esa ciudad que en ciertas y muchas calles comenzaba a antojárseme como una extraña y clonada Habana. Tenía unos días de reflexión y calma antes de enfrentarme al desafío de un nuevo maratón. En esta ocasión se trataba de una histórica cita, el 2500 aniversario de la carrera que emprendió el heraldo Filípides para impedir que las mujeres griegas mataran a sus propios niños, y se arrancaran posteriormente a sí mismas las vidas ante la segura noticia de que los persas habían vencido a sus defensores hombres, maridos, hermanos y padres en Maratón. Pero no, no fue así. Habían ganado los atenienses. El uso de la razón como nunca, el empleo de la lógica adaptada a la matemática bélica hizo que siendo muy inferior el número de guerreros, pudieran vencer a los invasores. Filípides corrió sin descanso esos cuarenta kilómetros, llegó y pudo decirlo a tiempo: Nenikekamen… y calló muerto por el esfuerzo empleado, para salvar las vidas todas de esas mujeres temerosas de la ocasión de ver a los persas violando sus cuerpos y almas, o degollando sus pequeños, tras la derrota de las atenienses tropas.
Nos encontrábamos en noviembre de 2010. Habían pasado veinticinco siglos tras aquella inmediata epopeya, no sé si cierta, que Herodoto apuntó como cierta o como leyenda. Caminaba por las calles de esa ciudad en absoluta conexión con toda la historia y cultura posible con la que me había nutrido en casi cuarenta años de existencia. Una vez más comprobando que las ciudades se viven más, mucho más se “viajan”, si se ha emprendido el viaje antes del periplo mismo, con libros, con cine, con recomendaciones, documentación y otro tipo de visitas previas, no sé si cuánticas. Caminaba con la total certeza de que algo en la atmósfera incidía en los átomos de los griegos y de las helénicas fachadas, la amenaza de algo incontrolable, el invierno predecible de las cifras, que hoy obtienen su respuesta en las plazas de esa ciudad, de esa tierra, cuna de la civilización y del sistema tan contaminado que gobierna y gestiona desde hace tanto nuestros destinos todos, con interrupciones militares en ocasiones, o revoluciones proletarias, o con excelsas monarquías.
Nada de movimientos populares en protesta existían entonces, aunque muchos los presagiaban. Nada de cargas policiales contra desempleados, estudiantes o trabajadores en busca de sus nobles y concretas demandas. Nada había en el ambiente salvo un cielo disperso y denso en un gris telúrico cada mañana, como si Zeus frunciera un ceño allá en lo alto con la preocupación de un dios que nada puede hacer ya, obsoleto como se encuentra, contra el declive de una nación motivada por la informática que manejan unas cuantas manos de perfecta manicura, unos cuantos rostros impecablemente afeitados, y peinados con firme gomina. Los dioses llevan barbas largas, y pelos sueltos al aire donde allí arriba se confunden con las nubes, con los vientos, que en ocasiones se tornan en pronta tormenta. No, no llevan gomina los dioses pensaba en mi discurrir por las calles de Plaka, tras mi primer encuentro con la Plaza Sintagma, que en griego viene a significar Plaza de la Constitución. Tomaba notas en el encantador Café Melina, rinconcito entrañable cargado de nostalgia, dedicado por entero a quien fuera Ministra de Cultura y anterior estrella del Cine internacional, Melina Mercouri. Pedí un vino tinto, saqué mi cuaderno y comencé a escribir. Recuerdo que arranqué el nuevo escrito con un suceso que venía registrando desde hacía un par de días en la ciudad de Atenas. Me había encontrado decenas de perros en cada una de las calles, en los asfaltos mismos, junto a los coches que pasaban, en plazas, en parques, en rincones extraños, extrañamente dormidos. Sí, no había parado de coleccionar perros dormidos en las calles. Como si se tratase de una extraña y contundente premonición en alguna película de ciencia ficción de desenlace no muy apetecible. Dormían. Los perros dormían bajo ese cielo triste, con el cobijo o no de las desvencijadas fachadas. Los griegos acudían indiferentes a sus trabajos… Sí, a sus trabajos… Melina Mercouri me miraba sonriente y en blanco y negro desde cada una de las innumerables fotografías. Y con el eco distorsionado de su inquietante risa en la película “Topkapi” recuerdo que anoté en mi cuaderno algo así como: Atenas, la ciudad de los perros dormidos, la ciudad donde los perros duermen extrañas siestas… y continué trasladando a modo de diario sensaciones del trayecto y de mis pensamientos en esa concluyente mañana.
Ayer salí a entrenar como casi todos los días, atravesando calles, avenidas, parques, rostros y fachadas. El cielo se perfilaba con un celeste agradable, la gente todavía tenía sonrisa y apetito de parques y juegos en familia. Incluso los había que jugaban con sus pletóricos perros. Y entonces pensé que tal vez podemos estar tranquilos mientras no comencemos a registrar un perro dormido

artículo publicado en el periódico LAS PROVINCIAS, 23 de febrero de 2012

martes, 14 de febrero de 2012

fundido a negro


Yo no soy abogado defensor,
ni soy fiscal del Estado,
no soy Juez del Supremo,
ni jurista, ni magistrado.

Solo soy un hombre, un niño,
un hermano, un sobrino,
un amigo, un profesor,
un poeta, un trabajador del campo,
una maestra de música,
un minero analfabeto, un soldado
asustado, un nieto escondido
y en el monte pasando frío,
una adolescente violada hasta la saciedad,
un inocente en un equivocado lugar,
un pensador sin mandíbula
por el golpe de la culata de un fusil,
una madre en luto sin sus cuatro hijos en abril.

Soy nacido en 1900 y 1907 y 1911 y 1915 y 1913,
y muerto antes de 1939, antes de 1939, antes de 1939...
Yo soy todos y cada uno de los 100.000 asesinados sin juicio,
soy cada uno de esos familiares sin saliva y sin noche,
sin cielo celeste ni nube blanca para el bruno olvido.
Soy el que vomita interrogantes al saber
que sólo en este lugar nuestro sucede lo que no pasa
en el resto del mundo redondo y comprensible o no comprensible.
Un hombre soy, nada más que eso, pero también nada menos.
Alguien que quiere enterrar a sus muertos, o incinerarlos en familia,
la que ya tan solo quede, anciana, última, sin agua para lágrimas,
tan solo piedra esculpida en los trágicos lacrimales.

Nada más que eso desde que eso nada más es antes de 1939, antes de 1939, antes de 1939...
Seguimos en blanco y negro... Y pronto fundiremos a negro... solo a eso...
a oscuro y contundente negro sotana, negro militar calzado,
negra tapa de códice inapelable donde ya nada más hay
que el desorden de las palabras sometidas huecamente
al galimatías descontrolado de los números...
Que regresen los muertos aunque muertos
a la dignidad de los vivos aunque no vivos.

Eso pido porque
yo no soy abogado defensor,
ni soy fiscal del Estado,
ni soy Juez del Supremo,
ni jurista, ni magistrado.
Solo un hombre soy, solo un niño...

domingo, 12 de febrero de 2012

Que viva EsPena!


"A veces, cuando veo lo que pasa por el mundo, me pregunto: ¿Para qué escribo? Pero hay que trabajar, trabajar. Trabajar y ayudar al que lo merece. Trabajar aunque a veces piense uno que realiza un esfuerzo inútil. Trabajar como una forma de protesta. Porque el impulso de uno sería gritar todos los días al despertar en un mundo lleno de injusticias y miserias de todo orden: ¡Protesto! ¡Protesto! ¡Protesto!"
FEDERICO GARCÍA LORCA
(...)
En pleno estudio una vez más del mágico autor y su negra época me voy quedando de piedra y no sé si de leche amarga cuando computo una y otra vez renovadas y no vacilantes sintonías de ceniza y mugre con lo peor que nos cubre y denomina en esta nación desesperada llamada España... España... ¿Es Paña o Es Pena? Sí, en mi país Es Pena, los obtusos dejan sin dignidad al más digno oficio del mundo, el de la docencia; el niño tiembla de frío como un pez sin escamas ni río lorquiano en las gélidas aulas o tristes lunas. En los hospitales los doctores caminan sin pies por los pasillos, ni manos les quedan ya para sanar a los ciudadanos del mundo que todavía aplauden el robo y las distintas corruptelas porque sólo saben aproximarse a por el refugio del abrazo paternal a quien lleva puesto el traje elaborado por encargo o soborno del mejor sastre sin facturas claras. Los ancianos siguen siendo niños desnutridos buscando a sus muertos, los cadáveres que coleccionaron los engominados expulsándolos a las tripas del las tierras anónimas y rurales. Y si alguien pretende localizarles los difuntos, señalarles con el dedo, el corazón, la rabia contenida y las mudas palas, todo el aparato político y jurídico, como serpientes negras infladas de veneno y sinrazón, lo convierten en Es Pena en un culpable por eso mismo que le aplauden en el resto del castigado Mundo donde puede ser poeta, mientras es bandido apedreado en este lugar al revés donde las calles poco a poco se tiñen de blanco y negro, donde los que protestan son hormiguitas de absurda aceituna para los sordos que se aposentan en sus sillones en los pisos altos donde son incapaces de sentirse niños ni jilgueros, y se enganchan a la impermeable edad fosca y adulta cuyas paredes no pintan ya con la cal blanca de sus veranos en familia, y sí con el frío papel de los billetes de 3 cifras. Es Pena es un lugar donde todavía el Sol es público y por eso hay todavía cabida para la sonrisa. Pero pronto en Es Pena se privatizará el Sol, pronto las playas que cubrirán de renovados cementos. Pronto los indecentes se harán multiplicadamente más y más ricos a costa de los muertos de gripe en los pasillos de los hospitales que acudían por otro tipo de urgencias. Pronto así será, peor como pensamos y digo porque ellos ya saben que pueden batir el mayor record de engaño y criminalidad posible, porque todo el rebaño, aunque herido de muerte, les sigue dando su ciega confianza. Por eso la triste Es Paña se convierte en la alegre Es Pena, donde los políticos acudirán a los hemiciclos no con coches oficiales Mondeo y sí con cárdenos Ferrari de Fórmula 1, porque sencillamente cuestan más, y gastan mucha más gasolina, y liquidan más pronto el medioambiente, y generan un crudo y súbito olor a quemado, no sé si a pólvora en la celeste atmósfera. Es Pena es como se quedará esta tierra nuestra, o tal vez no miraba más allá de la terreta ya no tan violeta y naranja, esta tarde doliente en lo social, cuando sigo caminando por el infinito de LORCA, verso a verso, réplica a réplica con Margarita Xirgu como YERMA en un cortijo renovado de no pan, pero sí circo y pandereta llamado Es Pena... Es Pena... Es ay... que Pena Penita Pena...