Cada maratón que se conquista es una metáfora que se autoestablece en el corazón y en el alma. Madrid suponía un reto. Muchos más desniveles, muchos tramos difíciles y empinados, sobre todo los 10 últimos kilómetros desde el Manzanares hasta el Parque del Retiro. Pero más allá de circunstancias geofísicas, yo tenía claro que en este maratón debía dejar atrás ciertas cosas, y aproximarme con fuerza a otras nuevas. Por ello quizá mejoré mi marca en casi 40 minutos...
jueves, 6 de mayo de 2010
XXX Maratón de Madrid 2010
Cada maratón que se conquista es una metáfora que se autoestablece en el corazón y en el alma. Madrid suponía un reto. Muchos más desniveles, muchos tramos difíciles y empinados, sobre todo los 10 últimos kilómetros desde el Manzanares hasta el Parque del Retiro. Pero más allá de circunstancias geofísicas, yo tenía claro que en este maratón debía dejar atrás ciertas cosas, y aproximarme con fuerza a otras nuevas. Por ello quizá mejoré mi marca en casi 40 minutos...
domingo, 2 de mayo de 2010
NIGHTHAWKS Edward Hopper. 1942

Quizás la más celebre y reconocida obra de Hopper. La pintó con sesenta años. Se apercibe una clara madurez en la composición si uno regresa a sus primeras obras. Mucho más psicológica, más profunda y oscura. Todo un universo de soledades no sé si estereotipadas que son cercadas por un destino de parálisis y electricidad. En la ciudad la luz, la esperanza depende de los neones, no de los posibles cielos. Es en la noche donde los halcones se refugian, se interrelacionan, se encuentran y reencuentran con los otros halcones
Por lo visto, Hopper se inspiró en una casa de comidas de Greenwich Avenue, que estaba cerca de su casa, en la parte baja de la ciudad. Estamos frente a un bar nocturno. Lo contemplamos como si fuésemos otra más de esas figuras solitarias que busca un lugar donde quedar en quietud, silente, agrupándose con las otras soledades. Tal vez somos otro más de esos halcones, vistiendo con traje cruzado, portando un sombrero propio de la época, a punto de decidir entrar en el lugar y mezclar nuestra desidia o sencillo cansancio de monotonía de jornadas que se van acumulando y acumulando reiterativamente para ir convirtiéndonos en figuras o víctimas del sistema de la urbe que tanto pesa.
Los personajes están como atrapados en una pecera, aislados de la realidad de ahí fuera, la ciudad dormida, con presagio de un silencio que incomoda. Dentro se finge la luz del día, allí hay respuestas posibles e inmediatas en el contenido de un whisky doble, en el aroma de esa chica cuyo cuello emite una extraña mezcla de olores de polilla, tabaco, y colonia cara regalada como despido tal vez de otro amante que le dobla la edad y que por fin ha decidido regresar al abrazo de su esposa
Nuevamente hay mucho cine en este cuadro concreto. No podemos negar la evidencia. La estructura, los personajes en ese término, como esperando un movimiento de cámara que anuncie una figura misteriosa con gabardina lanzando contundente por la boca un hilo de ese humo que tanto acompañaba a aquellas figuras de entonces y que le dotaban de un misterio inigualable. Toda la composición es algo así como la Piedra Roseta del cine negro de la gran época de Hollywood, ese anterior a la caza de brujas de McCarthy y que tanto ha influido sobre muchos cineastas, Alfred Hitchcock, Robert Mulligan, Ford Coppola, David Lynch. Sí, sobre todo a este último realizador en este cuadro de colores mortecinos, presagio de algo oscuro, y luces eléctricas que tratan de esconder la sombra evidente que se cierne sobre todos ellos, no sólo los personajes que acontecen en el bar, sino esas otras figuras que duermen o no duermen encerrados en sus propias vidas o habitáculos.
También hay literatura en ese cuadro, literatura es precisamente en esencia el cine. Por ello, hay en esos matices, contextos, y atmósferas algo de los relatos de Raymond Carver, algo del viajante de Arthur Miller, algo de los personajes condenados de John Steinbeck, y de las inquietas preguntas de Truman Capote. Cine negro en estado puro. Calles norteamericanas de Dashiell Hammett. Desasosiego, desesperanza, claudicar ante el destino inexorable. Eso adivinamos en los rostros y miradas de sus protagonistas que se enfrentan claramente a destinos un poco sartrianos.
Hay también algo utópico en el cuadro que no deja de acudir a mi mente y es la posibilidad de que se trate de un decorado, no un lugar real. Es esa iluminación en el exterior del bar. Podría imaginarme que el edificio concluye en la planta tercera, donde comienza el galimatías de focos y cables pegados al techo del estudio donde se está filmando esa escena tal vez a hora matinal. Esa hora que sí que acontece ahí afuera del plató. Hay una artificialidad sutil y sugerente, unas partículas eléctricas, demasiado eléctricas en todo el ambiente. Quizás son sólo figurantes en pleno rodaje. Y por esa calle pronto aparecerán caminando Ingrid Bergman y Humphrey Bogart interpretando los papeles de una película que nunca se llegó a filmar… la segunda parte de Casablanca. Cuando Rick viaja hasta Nueva York al encuentro de Ilsa…
El naturalismo que lanza Hopper no llega a ser realista, hay algo tamizado en la imagen, es más celuloide que negativo revelado, es atmósfera respirable, es aire denso de tiempo y heridas ante los personajes de ese bar y nuestras propias miradas. La composición es teatral, mucho. El cine también es teatro filmado en muchas ocasiones, como en este cuadro general. Sí, por qué no imaginarnos la posibilidad del encuadre concluyendo en el rojo intenso y aterciopelado de los telones. Enfrentados a esa imagen un centenar de silentes figuras sentadas en sus butacas, enfrentadas a sus propias soledades. Sí, hay algo de decorado, de no realidad, o de realidad mágica en este y en tantos y tantos cuadros de Hopper.
martes, 27 de abril de 2010
Palabras de Trigorin en LA GAVIOTA de Chejov...
sábado, 24 de abril de 2010
La Tierra estornuda

domingo, 18 de abril de 2010
YA VEREIS COMO SÍ, ALGÚN DÍA
Las vacilantes moscas se alejarán de los platos
y de las córneas de los ángeles abandonados.
El retumbar de trompetas venéreas
y el restallido de inmensas flores de fuego
harán la misma cosa.
El cielo se tragará el oscuro y denso cielo,
y una digestión sedosa coronará en azul durmiente
y maternal las pieles de los niños. Sus sueños
no estarán nunca disecados en ordenadores de señores obtusos
y sus pizarras vileda.
Sus risas restallarán por las calles cicatrizadas
y los parques de dulce reinicio.
Sus manitas volarán como palomas cuánticas
al encuentro de otros dedos de azúcar y leche
que regalarán caricias y lunas,
caramelos de noche y peladillas de alba.
Habrá cobijo de bosques y abuelos,
y un montón de musicales bicicletas para el camino.
Cada uno de ellos será héroe de leyenda
en los cuadernos del poeta,
y cada una de sus sonrisas escalará
a los pliegues pesados de las frentes grises
y mediocres de los que ordenaron las destrucciones
y los imposibles olvidos.
Ellos viven porque hay vida.
Ellos son porque mi pena no les olvida.
No les puedo ignorar
tras el regalo de sus distancias, sus risas,
sus proyectos de travesura
y aventura de primeras adolescencias
regadas con caricias furtivas que ya nunca serán.
Ellos habitarán por siempre en mi corazón
y yo extenderé sus brazos a los continentes y sus oídos.
Habrá despachos que querrán silenciarme
no tan funestamente como a ellos silenciaron.
Pero mi verbo y mi grito saltarán por los acantilados,
escalarán los montes, treparán por los rascacielos.
Mi promesa de justicia a sus pestañas de lino
gravaré en las piedras, en los pechos, en los ríos.
Lloraré una y mil noches
el quebranto de sus huesos de leche o luna,
y golpearé con versos o firmes prosas
a quien encienda a los ignorantes con las confusas llamas
de los periódicos y telediarios,
a quien apriete con dedos de muerte ciertos botones rojos.
Os tengo en mi tinta, en mi uña, en la yema de cada dedo.
Salís de mis venas o arterias últimas
porque os lanzo desde el corazón
en forma de sangre enérgica al cuaderno.
Llegáis en un discurrir rojizo que se muta en la página
al negro de luto.
Permaneceréis en las memorias de las miradas curiosas
que asomen a mis páginas, que son el homenaje vuestro,
mis ángeles, mis niños, mis más queridos muertos
A todos los niños brutalmente asesinados en todas y cada una de las injustas, innombrables, vomitivas y avergonzantes guerras del mundo.
Alicante
9 de mayo de 2006
sábado, 17 de abril de 2010
Un poema de hace unos años...
HACIENDOME MAYOR
Voy a ti,
insondable edad
que prolongarás mis arrugas,
mis carencias, mis nubes
mis interrogantes,
mis adioses últimos,
y mis canas.
Voy a ti,
como hombre claro y sereno,
desprovisto de pueriles miedos,
desnudo de infranqueables infancias.
A ti me dirijo.
A ti voy,
con firmeza de monte
de centenas de milenios,
con enigma de noche,
con fluir de océanos.
Voy a ti,
caminando erguido,
con el orgullo de un bagaje preciso
del que no reniega quien a ti va,
quien de ti ha huido.
Voy poco a poco,
pero a ti decidido,
edad que me deparas edades,
caprichos, errores nuevamente,
y el amor, aunque tal vez escondido.
Voy, a ti,
alcanzándote en cada paso,
en cada madrugada o verso,
en cada labio o apellido.
Voy a ti,
flor del asfalto dañino,
pez de sonrisa de plata
y concluir húmedo y diamantino.
Voy a ti
edad que me recoges hombre,
todo sangre, carne,
palabra, verdad y recuerdo
de bosques y cementos.
Voy solo,
pájaro azul en las vacilantes nubes,
unicornio generoso,
descarnado de reproches,
enfados o recelos.
Cierro con amor
el amor múltiple entregado.
Para ir hacia ti
vacío y puramente renovado.
Dispuesto a la llamada
de los anónimos cisnes
que ya despliegan sus posibilidades
ante mis treinta y cinco
que iniciaticamente van quedando atrás
mientras a ti ahora me dirijo.
sábado, 10 de abril de 2010
Grande Haruki
